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San Francisco

La Nueva Era Lunar de la NASA: De la Gateway a la Base en la Superficie

La exploración espacial se encuentra en un momento de redefinición estratégica, y la NASA ha presentado recientemente planes que marcan un giro significativo en sus objetivos lunares. Si bien la idea de una base lunar, inicialmente no tripulada, ha captado la atención del público, la verdadera transformación reside en la reconfiguración de proyectos anteriores y la priorización de una presencia sostenida en la superficie de nuestro satélite.

Representación artística de una base lunar

El Fin de la Estación Gateway y la Reorientación de Recursos

Durante años, la estación lunar Gateway fue concebida como un punto de apoyo crucial en órbita lunar, un proyecto que surgió informalmente alrededor de 2010 para dar continuidad a las naves Orión y al cohete SLS tras la cancelación del programa Constelación. La administración Trump, al lanzar el programa Artemisa en 2019, debilitó la posición de Gateway, planteando la pregunta fundamental: ¿para qué se necesitaba una estación en órbita si el objetivo principal era aterrizar directamente en la superficie? A pesar de esta duda, la administración Biden mantuvo el proyecto, en parte debido al considerable apoyo interno dentro de la NASA, que la veía como un seguro de contingencia ante posibles cancelaciones del plan de alunizaje.

La participación internacional siempre fue un pilar de Gateway, con socios como la ESA, JAXA, Canadá y Rusia. Sin embargo, las crecientes tensiones globales y, finalmente, la invasión de Ucrania en 2022, llevaron a Rusia a retirarse progresivamente del proyecto, limitando su contribución a una esclusa que posteriormente fue asumida por los Emiratos Árabes Unidos, junto con empresas estadounidenses y europeas. La ESA y JAXA propusieron varios cargueros para abastecer la estación, y la NASA había contratado a SpaceX para construir la nave de carga Dragon XL.

Los planes previos indicaban que la misión Artemisa III, destinada a ser la primera misión de alunizaje, no utilizaría Gateway, pero Artemisa IV sí se acoplaría a ella. Sin embargo, estos planes son ahora historia. La gran novedad anunciada recientemente es la confirmación de que la estación lunar Gateway "pasa a mejor vida". El módulo propulsivo PPE de Gateway se reasignará a una ambiciosa misión nuclear a Marte, denominada "Space Reactor 1 Freedom", con un lanzamiento previsto para 2028. Los módulos restantes, como HALO, I-Hab y Lunar View, desarrollados por socios europeos, japoneses y emiratíes, quedan en un limbo, con la vaga promesa de ser reutilizados en una futura base lunar tripulada. El desafío de rediseñar módulos concebidos para la microgravedad para operar en la superficie lunar es considerable y no menor. Así, un proyecto con más de una década de desarrollo concluye su trayectoria.

La Nueva Visión: Una Base Lunar Robótica y Sostenible

La verdadera protagonista de la reciente presentación de la NASA es la base lunar. Siguiendo un modelo similar al propuesto por China con su base ILRS, la NASA planea una primera fase robótica, que culminará con la fusión de esta infraestructura con una base tripulada. A partir de 2027, la NASA lanzará una sonda lunar cada mes, en el marco del programa CLPS (Commercial Lunar Payload Services). Muchas de estas misiones tendrán como objetivo explorar la región del polo sur lunar para identificar la ubicación óptima para la base.

La primera fase de la base lunar, que se extenderá hasta aproximadamente 2027, se centrará en el despliegue de sondas no tripuladas, rovers como VIPER, y orbitadores para comunicaciones, observación de la superficie y navegación. Se estima que esta fase implicará unos 25 lanzamientos, incluyendo 21 sondas de superficie con una masa total de 4 toneladas.

Además de las sondas CLPS planificadas, la NASA pretende lanzar con frecuencia un nuevo tipo de sonda: los drones MoonFall. Estos vehículos son capaces de desplazarse saltando por la superficie lunar, lo que les permite explorar diversas áreas de manera más ágil que un rover tradicional. Esta capacidad es particularmente útil para el estudio de los cráteres permanentemente sombreados del polo sur. También se experimentará con nuevos calefactores de radioisótopos (RHU) para garantizar la supervivencia de estas sondas durante la noche lunar, un desafío considerable dada la ausencia de luz solar y las drásticas caídas de temperatura.

La segunda fase, proyectada entre 2029 y 2033, contemplará 27 lanzamientos, con 24 sondas de superficie que sumarán una masa total de 60 toneladas. En esta etapa se desplegarán estaciones equipadas con generadores de radioisótopos (RTGs), dando un paso adelante en la supervivencia de las sondas durante la noche lunar. Cabe destacar que, en el siglo XXI, solo las sondas chinas Chang’e 3 y 4, equipadas con RTGs y RHUs (utilizando plutonio-238 ruso), han logrado operar durante años en la superficie lunar.

La tercera fase, con 29 lanzamientos y 28 aterrizajes, prevé depositar cerca de 150 toneladas en la superficie lunar entre 2033 y 2036. Esta etapa incluye el despliegue de módulos presurizados para establecer una base "casi" permanente, así como equipamiento especializado para la utilización de recursos in situ (ISRU). Esto abarca la extracción de agua del hielo presente en los cráteres permanentemente sombreados (lo que a su vez proporciona oxígeno e hidrógeno) y la explotación de tierras raras. Además, se lanzarán reactores de fisión para asegurar un suministro de energía continuo y sondas con capacidad de retorno de carga a la Tierra, con una capacidad de hasta 500 kg.

Es importante señalar que muchos de estos elementos no son completamente novedosos. El programa Artemisa ya contemplaba una base lunar para la próxima década, incluyendo reactores nucleares, torres de comunicaciones y rovers presurizados como el MoonCruiser de JAXA. Sin embargo, el plan actual de Isaacman integra estos elementos con el programa robótico para conformar un proyecto unificado y más ambicioso.

Diagrama conceptual de las fases de construcción de la base lunar

Desafíos y Perspectivas Futuras

La viabilidad de este ambicioso plan de la NASA depende en gran medida de la obtención de la inversión necesaria, un objetivo que se presenta como considerablemente difícil. Paralelamente, el enfoque actual, además de las sondas CLPS, recae en el segmento SLS/Orión del programa Artemisa, que continúa enfrentando fluctuaciones y retrasos. La misión Artemisa III, programada para 2027, que se acoplará en órbita terrestre con módulos lunares, ya está rodeada de rumores. Se especula que en las misiones Artemisa IV y V, el SLS podría ser utilizado únicamente para lanzar la nave Orión en órbita terrestre, siendo luego remolcada a la Luna por el sistema de aterrizaje humano (HLS). Si esto se materializa, la razón de ser del cohete SLS se vería seriamente comprometida, ya que Orión podría lanzarse con vectores menos potentes, poniendo en riesgo la continuidad del SLS después de estas dos misiones.

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Lunares: Una Mirada Profunda a su Naturaleza y Riesgos

Más allá de las ambiciones espaciales, la información proporcionada también aborda un tema dermatológico: los lunares, o nevus melanocíticos. Un lunar es una mancha anormal de células pigmentadas en la piel, llamadas melanocitos, resultado de una proliferación inofensiva de estas células en la capa más profunda de la piel. La mayoría de los lunares son benignos y se desarrollan espontáneamente o son causados por la exposición a la luz solar, apareciendo típicamente durante los primeros 20 años de vida y pudiendo continuar su desarrollo en las dos décadas siguientes.

Sin embargo, una pequeña proporción de lunares puede degenerar en melanoma maligno, un tipo de cáncer de piel que puede ser fatal. El diagnóstico y tratamiento precoces mejoran significativamente el pronóstico. La presencia de lunares no implica necesariamente una malignización futura, aunque el riesgo aumenta con antecedentes familiares de melanoma maligno.

Los cambios en la dimensión, forma y color de los lunares, aunque mayormente benignos, deben ser evaluados por un profesional si presentan alguna anomalía. Los lunares atípicos o displásicos, caracterizados por contornos irregulares y bordes difusos, presentan un mayor riesgo de malignidad y tienden a ser hereditarios. En ocasiones, la piel alrededor de un lunar puede aclararse, o el lunar puede palidecer o incluso desaparecer (halo nevi), lo cual suele ser benigno, aunque en algunas personas puede indicar un mayor riesgo de vitíligo.

Existen diferentes tipos de lunares. El nevo azul adquiere un color azulado por la profundidad del pigmento en la dermis o hipodermis, siendo común en niños indios y raramente preocupante. El nevo de Spitz es un tumor benigno de células pigmentadas, de color marrón rosáceo, que suele aparecer en niños, frecuentemente en el rostro.

La aparición de lunares puede estar influenciada por factores genéticos, siendo algunas personas genéticamente predispuestas a tener más lunares. La exposición solar y los cambios hormonales durante la pubertad y el embarazo pueden influir en el tamaño, número o pigmentación de los lunares.

Diagrama ABCDE para la detección del melanoma

Para prevenir la malignización de los lunares y el cáncer de piel, la principal recomendación es evitar la exposición solar excesiva y utilizar protector solar con un factor de protección superior a 15.

Se define un nevus clínicamente atípico como un lunar con cambios sospechosos que requieren la evaluación de un dermatólogo. Los signos de alarma, conocidos como el acrónimo ABCDE, incluyen:

  • Asimetría: Si una mitad del lunar no coincide con la otra.
  • Bordes irregulares: Bordes poco definidos o con apariencia de mapa.
  • Coloración heterogénea: Diferentes tonos de color, especialmente azul, negro o rojizo.
  • Diámetro: Mayor a 6 mm (aproximadamente el tamaño de la goma de un lápiz).
  • Elevación: Si alguna parte de su superficie se eleva.

Otros signos de alarma a tener en cuenta son el crecimiento excesivo en poco tiempo, picor, dolor o sangrado. También es crucial examinar lunares que se diferencian notablemente de los demás.

Las personas con mayor riesgo de cáncer de piel incluyen aquellas de piel clara, ojos claros, pelirrojos, quienes se queman fácilmente, con antecedentes familiares de cáncer de piel o melanoma, y quienes pasan mucho tiempo al sol.

No todas las manchas marrones en la piel son lunares; pecas y léntigos solares son otros ejemplos comunes. El diagnóstico entre lunar benigno y maligno se basa principalmente en el examen clínico, complementado en casos dudosos con dermatoscopia. El diagnóstico definitivo se obtiene mediante extirpación o biopsia y análisis microscópico.

La eliminación de lunares suele ser un procedimiento rápido y poco doloroso, que puede realizarse mediante incisión, curetaje o afeitado.

Científicamente, los lunares (nevus melanocíticos) son crecimientos de melanocitos. Aunque son tumores, casi siempre son benignos. La genética juega un papel, con variantes en genes como FGFR3, PIK3CA, HRAS y BRAF relacionadas con su desarrollo. Una variante en BRAF puede provocar la acumulación de melanocitos y la producción de una proteína supresora de tumores (p15). En raras ocasiones, variantes de BRAF junto con la pérdida del gen CDKN2A pueden llevar a una falta de p15, permitiendo el crecimiento descontrolado de las células del lunar y su potencial malignización. La radiación ultravioleta, por exposición repetida al sol, puede dañar los lunares y aumentar el riesgo de que se vuelvan malignos, aunque el melanoma también puede desarrollarse en áreas no expuestas al sol.

La herencia contribuye al desarrollo de nevos displásicos y a un mayor número de lunares benignos. Pasar tiempo al sol también puede incrementar la cantidad de lunares. A diferencia de la investigación sobre el melanoma, la genética de los lunares benignos es menos estudiada.

Ilustración de diferentes tipos de lunares

Los lunares presentan una gran variabilidad en su apariencia: pueden ser planos o elevados, redondos u ovalados, de colores que van desde rosado hasta negro azulado, con o sin pelo, y uniformemente coloreados o moteados. La mayoría de las personas tiene entre 10 y 40 lunares, y pueden aparecer nuevos hasta los 40 años, tendiendo a desaparecer con la edad.

Los lunares atípicos o nevos displásicos, que afectan a aproximadamente una de cada diez personas, presentan características inusuales y un mayor potencial evolutivo hacia el melanoma. Estos lunares son más grandes que los comunes (más de 6 mm), con forma irregular y coloración variable. Las personas con cinco o más lunares atípicos, o incluso con un solo lunar inusualmente grande o de forma irregular, tienen un riesgo elevado de desarrollar melanoma.

La detección temprana del melanoma, a menudo manifestándose como un cambio en el tamaño, forma o color de un lunar existente o la aparición de uno nuevo, es crucial para un pronóstico favorable.

Los lunares pueden ser congénitos (presentes al nacer) o adquiridos (aparecen durante la infancia o edad adulta). Los lunares congénitos pueden ser pequeños o gigantes. Los lunares con aureola (halo nevi) presentan un anillo despigmentado alrededor y son comunes en la adolescencia. Los lunares de Spitz son tumores benignos, lisos, que aparecen en niños. Los lunares atípicos, más grandes y con bordes irregulares, son un factor de riesgo importante.

En resumen, mientras la NASA redefine su estrategia lunar hacia una presencia física en la superficie, la comprensión y vigilancia de los lunares en nuestra propia piel siguen siendo fundamentales para la salud. La ciencia avanza en ambos frentes, desvelando los misterios del cosmos y de nuestro propio cuerpo.

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