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La Era de la Transición: Dallas Mavericks y San Antonio Spurs en Busca de Nuevos Horizontes

Introducción: Un Cambio de Guardia en Texas

La NBA, un escenario de constante evolución, se encuentra en un momento crucial para dos de sus franquicias más emblemáticas de Texas: los Dallas Mavericks y los San Antonio Spurs. Ambas escuadras, marcadas por la longevidad de sus leyendas y la necesidad de redefinir su identidad, se embarcan en nuevas temporadas con expectativas y desafíos distintos. Mientras los Mavericks buscan construir un futuro prometedor en torno a jóvenes talentos, los Spurs, a pesar de la partida de pilares históricos, confían en la maestría de su entrenador para navegar una compleja reconstrucción.

Dallas Mavericks: El Legado de Nowitzki y la Promesa de Doncic

Dirk Nowitzki, un nombre sinónimo de los Dallas Mavericks, se encuentra en su vigesimoprimera temporada en la NBA, igualando el récord histórico de longevidad de leyendas como Robert Parish, Kevin Willis y Kevin Garnett. Durante todas estas campañas, Nowitzki ha vestido la camiseta de los Mavs, superando la marca de permanencia en un solo equipo que ostentaba Kobe Bryant con los Lakers. Este curso, que marca el posible último año de su icónica carrera, la franquicia ha buscado honrar a su figura con un verano de movimientos estratégicos.

Dirk Nowitzki celebrando una canasta

La directiva de los Mavericks apostó fuerte en dos frentes: el Draft y la agencia libre. En el Draft, lograron la codiciada quinta elección para hacerse con Luka Doncic, acordando un traspaso con Atlanta que implicó ceder la elección de Trae Young y una futura primera ronda protegida. En la agencia libre, aseguraron la incorporación de DeAndre Jordan, una presencia interior vital para un equipo necesitado de protección de aro y dominio en el rebote.

La gerencia encaminó la temporada a través de dos vías principales. Primero, fortalecieron el plan futuro al unir al proyecto más deseado, Doncic, con el talento ya existente de Dennis Smith Jr. Esta pareja de perímetro apunta a ser compatible y a poseer un potencial elevado. El alemán Nowitzki, que cumplió 40 años y está a punto de superar a Wilt Chamberlain en la lista histórica de anotadores, ha visto disminuir su impacto defensivo debido a su dificultad para ocultarse en defensa. Por primera vez en su carrera, jugó la mayor parte de sus minutos sin otra referencia interior a su lado. Sin embargo, como recurso anotador y amenaza de espacio, especialmente en el "pick & pop", su eficiencia podría mantenerse prácticamente hasta que él decida. Tras renovar por un año más y conociendo su predisposición al sacrificio colectivo, su rol secundario parece lógico.

La llegada de Doncic era anhelada por los Mavs. A pesar de tener la quinta elección, suspiraban por una bajada en su cotización. Aunque no bajó significativamente, el traspaso con Atlanta lo llevó a Texas. Siendo el jugador más profesionalizado de este Draft, tras despuntar a un nivel europeo de élite desde muy joven, las expectativas sobre él son muy altas. Doncic presenta dos aspectos clave a seguir en su salto a la NBA: cómo su perfil físico influirá en su juego, tanto en el primer paso en ataque como en el desplazamiento lateral en defensa, circunstancias que pueden definir el tipo de desequilibrio que pueda generar. Por lo demás, es un jugador muy especial, especialmente para su compañero de perímetro, Dennis Smith Jr. Smith, un perfil físico abrumador, brilla más con espacio y verticalidad, en parte porque no está preparado para dirigir ataques con gran responsabilidad y su tiro es más inconsistente. Doncic puede ser el cerebro y Smith el martillo.

Dennis Smith Jr. asumió el máximo uso ofensivo en Dallas en su primer año (28.7% de las jugadas), pero será la depuración de sus impulsos lo que le dará réditos. Con la experiencia de Devin Harris y JJ Barea en el perímetro, se complementa con la intendencia de Dorian Finney-Smith y la competitividad y lanzamiento de tres de Wesley Matthews. Matthews, a pesar de no ser el mismo tras su lesión de Aquiles, sigue siendo un complemento colectivo útil para el proyecto, siendo el mejor especialista en triples de la plantilla con 2.4 anotados por partido y un 38% de acierto.

Los Mavs quisieron a DeAndre Jordan hace tres años, llegando a un acuerdo verbal que culminó en una situación esperpéntica y su posterior renovación con los Clippers. A pesar de no haber alcanzado la dimensión defensiva que podría haber tenido, Jordan representa un salto cualitativo considerable para la franquicia. Su aporte será clave en la protección del aro, área en la que Dallas fue el segundo peor equipo, y en el rebote, donde fueron el peor diferencial de la liga. Su impacto puede ir más allá de estos aspectos. Si bien no se espera que alcance la dimensión de Tyson Chandler, su aporte puede ser mayor de lo que aparenta. Los Mavs utilizaron con éxito las combinaciones de bloqueo directo para que el pívot atacase el aro (1.15 puntos por posesión, quinto mejor dato NBA), pero su potencial este curso es aún mayor. Doncic es un excelente gestor de esas acciones y Jordan uno de los mejores interiores bloqueando y jugando por encima del aro.

La transición también resulta de interés. Con independencia al ritmo empleado, los Mavs ganarán rebote defensivo con Doncic y, sobre todo, Jordan, además de más vías para correr. El esloveno es capaz de producir contraataques por sí mismo tras rebotear. Si el entrenador Rick Carlisle logra que Jordan equilibre atrás los formatos "small-ball", Dallas tendrá argumentos para competir. Y con uno de los mejores técnicos de la liga en el banquillo, su capacidad no debe ser subestimada. Dennis Smith Jr. anotó un 37.2% de sus triples tras recepción y solo un 27.4% de sus triples sobre bote. En un punto de proyecto donde la luz de la leyenda se apaga y la de las esperanzas de futuro aún no se enciende, la polivalencia y capacidad de Harrison Barnes representan la baza fiable en los Mavs.

Luka Doncic Tossing Up 3-Pointers with Dennis Smith Jr. and Jalen Brunson during Mavericks Practice

San Antonio Spurs: La Sombra de la Leyenda y la Maestría de Popovich

Los San Antonio Spurs disputaron la fase final por vigesimoprimera temporada consecutiva, un dato que refleja la profunda competitividad arraigada en la franquicia. Sin embargo, el verano demostró que el tiempo pasa incluso para las obras que parecían atemporales. Manu Ginobili decidió poner fin a su carrera, y Tony Parker concluyó su etapa en San Antonio, marchándose a Charlotte. Así, dos años después de la retirada de Tim Duncan, ningún miembro del "Big Three" más importante de la historia de la franquicia, ni uno de los más legendarios de la NBA, estará en cancha. La turbulenta salida de Kawhi Leonard, quien pidió el traspaso, completó unos meses de gestión nada fáciles.

Gregg Popovich dirigiendo desde el banquillo

No obstante, San Antonio conserva a Gregg Popovich, y eso no es poco. Por este motivo, la llegada de DeMar DeRozan y Jakob Poeltl (ambos en el traspaso de Leonard), las firmas de Marco Belinelli, Dante Cunningham y Quincy Pondexter para las alas, y las renovaciones de Davis Bertans, Rudy Gay y Bryn Forbes pueden parecer suficientes. Los Spurs consiguieron ganar 47 partidos en el Oeste a pesar de no contar con Leonard, uno de los jugadores más decisivos de la liga, durante casi toda la temporada. Popovich es uno de los mejores entrenadores de la historia, y subestimar a los Spurs sería un gran error. La franquicia lleva seis cursos seguidos teniendo una de las diez mejores defensas de la liga, siendo la cuarta mejor el año pasado a pesar de la ausencia de Leonard.

No solo el fondo resulta interesante. En las formas, San Antonio apostará, especialmente en ataque, por una pizarra que circula en dirección opuesta a la vanguardia. El motivo es simple: además de contar con LaMarcus Aldridge, el jugador que más canastas anotó desde el "midrange" en la liga, los Spurs tendrán también al tercero en esa lista, DeMar DeRozan. Sin Leonard, San Antonio se encomendó más a Aldridge, y la respuesta del jugador fue sólida. Su dominio en el poste bajo fue pronunciado (0.99 puntos por posesión, un dato muy bueno para un volumen muy alto de intentos), con la posibilidad de intercambiar posiciones de poste alto y bajo con Pau Gasol, cuyo poder físico decrece pero cuya inteligencia sigue aumentando.

DeRozan ha evolucionado bastante en su faceta creativa. Sin convertirse en un tirador exterior, su impacto en ataque es grande porque ha ganado solidez en la toma de decisiones (más de cinco asistencias por partido el año pasado y una ratio asistencias/pérdidas de 2.38), lo que unido a su habilidad para finalizar cerca del aro y forzar faltas, genera un problema para las defensas. Integrado en un sistema sin base director, deberá asumir galones ahí. San Antonio puede emplear diversos formatos con Rudy Gay o Davis Bertans como ala-pívots para ganar una posición extra en el perímetro. Sin embargo, habiendo perdido jugadores de buena defensa y rebote en las alas (Leonard, Green, Anderson) y teniendo efectivos como Aldridge, Gasol y Poeltl que pueden reclamar quintetos grandes, el escenario no es fácil de resolver.

La principal seña de identidad apuntaba a ser nuevamente su comportamiento defensivo, donde además había emergido el nuevo fenómeno a seguir en la franquicia. Pero una lesión ha complicado bastante el escenario. Dejounte Murray era el hombre a seguir; pisó el "Segundo Equipo Defensivo" de la NBA en su segundo curso en la liga y, con 22 años recién cumplidos, su evolución podía definir hasta dónde alcanzarían las aspiraciones de la franquicia. Sin embargo, a apenas una semana del inicio de la que iba a ser su tercera campaña como profesional, se confirmó que padecía una lesión en el ligamento cruzado de la rodilla. Murray no era un base común. No destaca por su dirección, tampoco por su anotación (apenas se prodiga, de hecho, en lanzamientos fuera de la zona). Pero su impacto atrás estaba siendo ya sobresaliente y las posibilidades en ese mismo apartado asustaban. Con él en cancha, los Spurs recibieron solo 98.1 puntos en 100 posesiones, el mejor dato del equipo y equivalente a la mejor defensa de la NBA. Sin él, la cifra ascendió a 105 (el peor dato del equipo y un rendimiento defensivo en la media de la liga). Su altura (1.96 m), envergadura (2.07 m) e instinto defensivo le convierten en una pesadilla sobre el balón, en líneas de pase o en ayudas. Su rol es difícilmente sustituible en la estructura y de hecho condiciona el tipo de sistema que puedan emplear atrás los Spurs, por lo que obligará a Popovich a ofrecer lo mejor de sí mismo para solidificar algo estable y posiblemente diferente.

DeMar DeRozan en acción con los San Antonio Spurs

Y en buena medida sucederá porque las variantes tácticas en el perímetro están muy alejadas de la sobriedad defensiva. Por un lado, Patty Mills es una pieza muy valiosa desde el banquillo, por su capacidad para anotar desde el perímetro y cambiar ritmos de partido, pero es un jugador pequeño. Por el otro, la presencia de Marco Belinelli (quizás asumiendo el rol de Ginobili) y Bryn Forbes será necesaria por su tiro exterior y juego sin balón, pero ambos están lejos de ser fiables en defensa. Además, DeRozan tampoco ha brillado durante su carrera en labores defensivas y resultaría demasiado exigente esperar una gran influencia del novato Lonnie Walker, apuesta de los Spurs en el último Draft. Sumando que las alas han perdido solidez atrás (aunque las firmas de Cunningham y Pondexter se hicieron buscando limitar daños), los mimbres parecen reducidos como para aspirar a grandes cotas defensivas. Los Spurs no parten como un equipo muy atlético y varias de sus piezas clave son ya veteranos con muchos kilómetros detrás. Pero la recuperación de otra pieza que produce mucho en ataque (DeRozan) para unir a Aldridge y la capacidad de Popovich de mejorar casi todo lo que tiene a su alcance, crean una sensación de expectativas difícil de negar. Se han ganado ese respeto durante dos décadas. Su inesperada salida de Toronto representó un varapalo emocional para una persona muy ligada a la cultura de la franquicia canadiense. Pasando página, un obseso del trabajo como él llega, hipermotivado, a un escenario que le necesita en plenitud. DeMar DeRozan es un excelente anotador y un mejorado creador que tendrá a Gregg Popovich para ayudarle a dar el salto al siguiente escalón.

Andrés Monje: Un Comentarista con Visión de Juego

Andrés Monje, periodista de baloncesto con una destacada trayectoria, es una figura reconocida en el panorama deportivo español. Su labor como comentarista en Movistar, así como sus artículos en la revista "Gigantes" y en la página web "KIA en zona", y su canal de YouTube, lo convierten en una voz autorizada para analizar el juego.

Andrés Monje comentando un partido de baloncesto

Monje ha compartido su perspectiva sobre la evolución del baloncesto moderno, señalando la influencia de varios factores en el cambio de ritmo y estilo de juego en la NBA. Según él, el puramente normativo, ligado al "hand-checking" defensivo que altera la permisividad atrás, inicia la creación de una nueva forma de defender. A esto se suma la corriente analítica, con la estadística avanzada y su impacto directo en el juego buscando incrementar la productividad. Finalmente, el factor humano, con personas cuyo peso es clave para alimentar este cambio, como la unión de Mike D'Antoni con Steve Nash o la gestión y análisis de juego de los Rockets, han hecho cambiar el rumbo de la NBA.

El ritmo de juego vive una época de crecimiento sostenido, aunque suele disparar sus registros al inicio de temporada para luego menguar. El triple es un factor influyente, globalizado como herramienta y permitiendo que los ataques se resuelvan antes, con más tiros considerados accesibles. El ritmo actual de la NBA provoca que todos los equipos superen las 100 posesiones por partido (PPP), algo inédito, con algunos llegando incluso a las 119. Este aumento en ataque ha causado un incremento, para mal, en defensa, recibiendo todos los equipos más de 100 PPP.

La NBA se ha convertido en un "correcalles" donde se ha olvidado la media distancia, con ataques de posesiones más cortas, más tiros y, lógicamente, mayores anotaciones. Monje repite con frecuencia que la estadística está acabando con el baloncesto, ya que la evolución del deporte pasa por la visibilidad de estadísticas que indican que el triple es más eficiente que cualquier tiro de media distancia. Desde Rick Pitino a Mike D'Antoni, se ha observado cómo se introducía este juego en la NBA, buscando ataques rápidos y anotaciones altas a través del tiro exterior, lo que ha alcanzado su máximo exponente en los Warriors de Steph Curry y los Rockets de James Harden. Actualmente, se ven jugadores tirando más triples por partido que toda la plantilla de algunos equipos de los años 90.

El futuro es incierto, pero la NBA siempre se ha sabido renovar, y se observa con las nuevas ideas para introducir un nuevo torneo "midseason" y cambios en el All-Star. En cuanto al triple, Monje imagina modificaciones normativas para frenar esta "involución" del baloncesto. El mismo Gregg Popovich ha expresado su aburrimiento ante el juego actual de la NBA, un sentimiento al que se suman muchos seguidores fieles del deporte.

Luka Doncic Tossing Up 3-Pointers with Dennis Smith Jr. and Jalen Brunson during Mavericks Practice

El Debate sobre el Ritmo y la Eficiencia Ofensiva

El ritmo de juego en la NBA, medido por las posesiones cada 48 minutos, se ha incrementado significativamente. Este fenómeno, a menudo impulsado por la búsqueda de una mayor eficiencia ofensiva (puntos anotados cada 100 posesiones), ha transformado la dinámica de los partidos. Equipos como los Dallas Mavericks, con un ritmo de posesiones de 48 minutos, buscan optimizar cada oportunidad para anotar. La eficiencia ofensiva se convierte en un barómetro clave para medir el éxito de estos equipos.

La estadística de puntos anotados cada 100 posesiones (Ef. Ofensiva) es fundamental para entender la capacidad de un equipo para capitalizar sus ataques. Un equipo con una alta eficiencia ofensiva, incluso con un ritmo moderado, puede ser devastador. Por otro lado, un equipo con un ritmo elevado pero una baja eficiencia ofensiva puede terminar desperdiciando oportunidades valiosas.

Los puntos fuertes de un equipo, como el potencial futuro de Luka Doncic y Dennis Smith Jr. en Dallas, residen en su capacidad para generar juego y anotar. Sin embargo, los puntos débiles, como el limitado poder creativo, pueden obstaculizar su progresión. La clave para estos equipos jóvenes reside en encontrar un equilibrio entre el ritmo, la eficiencia y la explotación de sus fortalezas, minimizando sus debilidades.

Los San Antonio Spurs, por su parte, presentan un ritmo de posesiones de 48 minutos y una eficiencia ofensiva que, si bien no siempre es la más alta, se ve compensada por la presencia de Gregg Popovich en el banquillo. Su punto fuerte reside en la maestría táctica de su entrenador, capaz de maximizar el rendimiento de sus jugadores y adaptarse a las circunstancias. Sin embargo, la rotación exterior por descifrar representa un punto débil que podría ser explotado por los rivales.

La interrelación entre el ritmo, la eficiencia ofensiva y los puntos fuertes y débiles de un equipo es un complejo entramado que define su rendimiento en la liga. La capacidad de un equipo para gestionar estas variables, aprovechando sus fortalezas y mitigando sus debilidades, será determinante en su camino hacia el éxito.

El Impacto del Talento Individual: Morant, Navarro y Curry

Más allá de las estrategias colectivas, el talento individual sigue siendo un factor determinante en la NBA y en el baloncesto FIBA. La aparición de jugadores como Ja Morant ha redefinido las expectativas. Su explosividad, poder físico y conocimiento del juego lo catapultaron desde la "clandestinidad" amateur a la élite. La casualidad jugó un papel en su descubrimiento, pero fue su dedicación y trabajo, desde el patio trasero de su casa hasta las canchas universitarias, lo que forjó su camino.

Ja Morant en pleno vuelo

Morant, con su estilo de juego que mezcla la devastación del primer paso de Derrick Rose con la cerebralidad de Chris Paul, se ha convertido en un líder para los Memphis Grizzlies. Su capacidad para controlar ritmos, encontrar virtudes en sus compañeros y radiografiar grietas rivales lo distingue. La frase de su madre, "mides lo que midas, tú nunca estarás por debajo de nadie", grabada en su brazo, resume la mentalidad forjada a base de trabajo y fe.

En el universo FIBA, Juan Carlos Navarro representa una cima del don baloncestístico. Su genialidad, que no era constante sino que "aparecía" para causar efecto, se manifestaba en su coordinación ojo-mano, el desarrollo de su rango de tiro tras bote y su capacidad para detonar escenarios a su antojo. Guardar los detalles de su juego, como su tiro en carrera, su amago corporal o su "step-back", es esencial para comprender su legado. Navarro entendía el valor de hacer lo que le gustaba y que la gente se divirtiera, reconociendo el privilegio de ser un jugador de baloncesto.

Luka Doncic Tossing Up 3-Pointers with Dennis Smith Jr. and Jalen Brunson during Mavericks Practice

Por otro lado, Stephen Curry revolucionó el juego con su capacidad para transmitir energía a través de su acción. Él, junto a otros como Pete Maravich, representan rostros diversos de un mismo camino: el auge de la virtud de transmitir emociones con el juego. Ser distintos pero al mismo tiempo simbolizar algo idéntico, tener un nivel de impacto diferente, pero compartir lo vertebral, preservar el espíritu del juego y ligarlo a la máxima esfera competitiva, convierte el baloncesto en una fábrica de emociones. El juego pertenece al jugador, y más allá, al artista.

La Evolución del Juego: Ritmo, Triple y Estadística

La NBA ha experimentado una transformación radical en las últimas décadas, marcada por un incremento en el ritmo de juego y una mayor dependencia del tiro de tres puntos. Este cambio, impulsado en gran medida por la analítica deportiva y la búsqueda de la eficiencia ofensiva, ha generado un debate sobre la esencia del baloncesto.

El ritmo actual de la liga, con posesiones cada vez más cortas y un énfasis en el tiro exterior, ha llevado a anotaciones históricamente altas. Equipos como los Golden State Warriors y los Houston Rockets han sido pioneros en esta tendencia, maximizando el valor del triple como herramienta ofensiva. La estadística, si bien ofrece una visión objetiva del rendimiento, también ha sido criticada por, según algunos, "acabar con el baloncesto" al priorizar la eficiencia sobre otros aspectos del juego.

La discusión sobre si el triple ha eclipsado la media distancia y si el juego se ha vuelto predecible y menos estético es recurrente. Figuras como Gregg Popovich han expresado su descontento con el rumbo actual, abogando por un baloncesto más equilibrado. La NBA, consciente de esta dicotomía, busca constantemente formas de renovarse, como la introducción de nuevos formatos de torneo o la modificación del All-Star.

El futuro del baloncesto profesional se vislumbra incierto, pero la capacidad de adaptación y reinvención ha sido una constante en la liga. La tensión entre la tradición y la innovación, entre la estética y la eficiencia, continuará definiendo el juego en los años venideros. La clave residirá en encontrar un equilibrio que preserve la esencia del deporte mientras se adapta a las demandas de un público cada vez más exigente.

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